Se puede asegurar que existen al menos dos principales objetivos en un negocio:

1.- Generar utilidades

2.- Agregar un valor o satisfacer una necesidad a un mercado

Ambos propósitos son plenamente justificables y que pretenden un fin favorable.

Pero, si existe una buena intención atrás de ellos, ¿por qué muchas de estas empresas no funcionan o fracasan? ¿Por qué “estresan” al grado de enfermar a sus involucrados?

La respuesta sin duda está relacionada con el factor humano, y al estar este presente existe la emoción impresa en cada actividad y decisión, por lo que vuelve a la empresa en un ente altamente complejo.

Cada puesto requiere de un grado de madurez emocional diferente. A medida en que se está en mayor grado de responsabilidad, el nivel de madurez emocional debe ser mayor, porque las decisiones se tornan más complejas.

Una persona en un puesto directivo o gerencial debe reconocer las limitantes que tiene y buscar como suplirlas, para que la frustración no reaccione.

Al ir teniendo personal a su cargo, la persona debe anteponer a la institución que representa ante cualquier decisión, pues su impacto ya es mayor, al menos ante un equipo de trabajo.

Otro ejemplo es la actuación que debe tenerse ante un cliente o proveedor que muestra una reacción desagradable y que busca intimidar con sus acciones, derivado por la frustración o desesperación porque esperaba otro resultado o porque es la acumulación a tantas situaciones y el momento fue su “falsa válvula de escape”.  Si la persona que lo atiende no tiene una capacitación emocional y se “engancha”, las consecuencias pueden ser costosas para la empresa.

¿En qué nivel escolar nos enseñan a identificar nuestras emociones y las reacciones ante ellas?  ¿Qué están haciendo las empresas para capacitar a su personal en este tema?  Que por cierto impacta en cualquier rol de vida, no solo el empresarial.

¿Sabemos cómo se generan las emociones, cómo podemos canalizar su efecto para no tomar decisiones precipitadas?  ¿Qué impacto genera en la salud de las personas, de las empresas y sus clientes?

Considero que es momento de que los dueños de empresa y directores tomemos RESPONSABILIDAD de esto.  Si queremos ver que el patrimonio de las empresas y de las personas involucradas crezca y que además se cumpla con el propósito para las que fueron creadas, se debe empezar a invertir recursos en capacitarnos todos en este tema.

¿Por qué es una inversión?  Porque el dinero y tiempo invertido en programas que efectivamente generen resultados que incrementen la conciencia emocional de los equipos de trabajo, traerá un mayor rendimiento a las empresas y una mayor calidad de vida a la gente.

El taller de Empleado Sano, Empresa Sana, impartido por la empresa RE-EVOLUCIÓN EMPRESARIAL, (www.memoriaceularbyangie.com) dirigida por la terapeuta Angie Lemes de Camargo, genera estos resultados.  Ya que además de aplicar una metodología que lleva al autoconocimiento y a la definición del puesto de trabajo, realiza la aplicación  a cada participante de 5 terapias donde se reorganiza el sistema nervioso central y se borra el impacto que generan las emociones negativas en el temperamento.  Por tanto, las decisiones y acciones que empieza a ejecutar esa persona se desarrollan en un plano de mayor conciencia, anteponiendo los intereses de las empresas en su justo valor. Estos resultados se empiezan a notar desde la primera sesión, siendo mucho más notables al finalizar 6 semanas, donde los participantes ya completaron el taller y sus terapias.

Al no tratarse de un tema conceptual, sino de algo que se desarrolla en los cuerpos de los participantes, los resultados son notables, por lo que los dividendos para la empresa conforme pasa el tiempo son:

-Mayor capacidad de atención al ejecutar, por lo que los errores se disminuyen

-Mejor ambiente laboral

-Decisiones más acertadas del personal

-Incremento en servicio al cliente y productividad

-Mayores utilidades

-Empleados más comprometidos y con mejor calidad de vida, al identificar la importancia de todos sus roles y al identificar a la empresa como una fuente de su desarrollo personal

Es tiempo que dejemos de quejarnos de que el personal contratado no es capaz de mantener la empresa o de desarrollar nuevos negocios, porque su capacidad es limitada.  Identifiquemos a aquellas personas con cualidades técnicas y humanas e impulsémoslas.  Tomemos la RESPONSABILIDAD de hacer que las cosas sucedan, que los negocios en verdad sean la fuente de bienestar que la sociedad nos requiere.  Y empezar por la cabeza de la empresa o del equipo de trabajo es un gran inicio.

 

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